He aprendido el gran secreto

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1
He͜ aprendido͜ el gran secreto
De͜ habitar en el Señor;
He probado de Su vida͜ en
La Palabra de mi Dios;
Y confiando en la sangre
Fuerza͜ y paz recibo yo;
En Jesús me he perdido
Y me hundo en mi Dios.
 
Habitando͜ en el Señor
Su Palabra͜ es mi sostén,
Yo me͜ escondo en el seno de Su͜ amor.
Habitando͜ en el Señor
Y confiando͜ en Su hablar,
Yo me͜ escondo en el seno de Su͜ amor.
2
Yo estoy crucificado
Con Jesús y͜ El vive͜ en mí;
Ya mis luchas he depuesto
Y le dejo͜ en mí vivir.
Su Espíritu͜ en mí reina
Pues cedí mi voluntad;
Y Su sangre tan preciosa
Hoy me limpia de maldad.
3
Mis dolencias yo le͜ entrego,
Ellas puede acarre͡ar;
Mis temores y tristezas
Sólo͜ a El puedo llevar.
En Jesús obtengo fuerzas,
Por Su͜ aliento vivo yo,
El aun me da Su mente
Y Su vida, fe y͜ amor.
4
Por Su͜ Espíritu yo obro,
Mi sabiduría͜ es El;
Su presencia͜ a mí me guarda
Y me guía siempre fiel.
Es la fuente de mi gozo,
Esperanza de mi͜ amor,
Y el Rey que pronto viene,
Mi Amigo͜ y Salvador.
3
Un Hermano

El pensamiento central de la Biblia es que Dios desea que nosotros vivamos a Cristo para la edificación del Cuerpo de Cristo. El punto principal de nuestra vida cristiana es vivir a Cristo. Vivir a Cristo debe ser nuestro objetivo primordial; todos los problemas en nuestra vida cristiana vienen porque no vivimos a Cristo. Habiendo entendido que Cristo es el Espíritu vivificante en nuestro espíritu, debemos practicar vivir a Cristo hasta que vivamos a Cristo de manera habitual.

El punto culminante, el punto más elevado, de la revelación divina contenida en toda la Biblia es vivir a Cristo. A fin de vivir a Cristo tenemos que practicar ser un espíritu con Él, y a fin de practicar ser un espíritu con Él, tenemos que ejercitar nuestro espíritu para orar sin cesar. Si oramos sin cesar desde nuestro espíritu: “Señor, vive en mí; Señor, vive a través de mí”, edificaremos el hábito de no vivir nuestro yo, sino vivir a Cristo; entonces viviremos a Cristo habitualmente. El hábito de vivir a Cristo es el hábito de la oración. Si no oramos sin cesar, no podemos vivir a Cristo. Es únicamente mediante tal oración continua, tal oración que es como respirar, que podemos vivir a Cristo espontáneamente. A fin de tener tal vida de oración, tenemos que velar y orar, orando en todo tiempo en el espíritu y para ello velando con toda petición y perseverando en la oración (Mt. 26:41; Ef. 6:18; Col. 4:2). Además, el fundamento en el cual nos basamos para orar es nuestro amor por el Señor. Debido a que amamos al Señor y le buscamos, gustamos de contactar al Señor, orar a Él e invocarle. Parte del secreto de vivir a Cristo consiste en decirle al Señor una y otra vez que le amamos.

La conclusión del

Nuevo Testamento:

Experimentar, disfrutar

y expresar a Cristo

Mensaje 346 LSM)


Pedro Menéndez

Bayamon, Puerto Rico, United States

En Juan 15:10 el Señor Jesús dijo: "Si guardáis Mis mandamientos, permaneceréis en Mi amor; así como Yo he guardado los mandamientos de Mi Padre, y permanezco en Su amor."

Cuando permanecemos en el Señor, Él nos comunica en nuestro interior la palabra específica para el momento. Estas palabras son Sus mandamientos para nosotros. Al guardar Sus mandamientos, demostramos que le amamos; de esta manera permanecemos en Su amor.

(Nota 1 de Juan 15:10


Cesar Sosa Perez

Getafe, Madrid, Spain

En Jesús me he perdido y me hundo en mi Dios !!