1
Oh, Cristo͜ en Ti, y sólo͜ en Ti,
Mi alma al fin halló,
La paz y͜ el gozo que buscó
Mas nunca conoció.
Me satisface Cristo hoy,
Su nombre͜ invocaré;
La vida,͜ el gozo y͜ el amor,
Jesús, en Ti hallé.
Mi alma al fin halló,
La paz y͜ el gozo que buscó
Mas nunca conoció.
Me satisface Cristo hoy,
Su nombre͜ invocaré;
La vida,͜ el gozo y͜ el amor,
Jesús, en Ti hallé.
2
Buscaba yo descanso͜ y paz,
Mas no pensaba͜ en Ti;
Pero͜ al pasar mi Salvador
Su gran amor sentí.
Mas no pensaba͜ en Ti;
Pero͜ al pasar mi Salvador
Su gran amor sentí.
3
Cisternas rotas yo probé
Sin apagar mi sed;
Beber de ellas intenté,
Mas burla sólo͜ hallé.
Sin apagar mi sed;
Beber de ellas intenté,
Mas burla sólo͜ hallé.
4
Por los placeres lamenté,
Pero jamás por Ti;
Mas fue Tu gracia quien quitó
La ceguedad de mí.
Pero jamás por Ti;
Mas fue Tu gracia quien quitó
La ceguedad de mí.
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Entonces Dios llamó a otro hombre, a Abraham. Por medio de él Dios obtuvo un pueblo al que sacó de Egipto y al que llevó hasta el monte de Sinaí. Allí, por medio de Moisés, Dios les dio la ley, el Pentateuco. Podríamos decir que éste fue el origen del judaísmo, el origen de la religión judía. La religión judía fue fundada en completa conformidad con la santa Palabra de Dios; pero gradualmente los hijos de Israel se corrompieron y se envilecieron debido a que abandonaron al mismo Dios que era su origen, la fuente de aguas vivas. En Jeremías 2:13, Jehová dijo: “Porque dos males ha hecho Mi pueblo: / Me dejaron a Mí, / fuente de agua viva, / y cavaron para sí cisternas, / cisternas rotas que no retienen agua”. Todos los ídolos son cisternas rotas que no pueden retener agua. Los dos males son abandonar a Dios y unirse a Satanás en la adoración de ídolos. Estos son los dos males que resultaron en el fracaso del pueblo de Israel, quienes eran los descendientes de Abraham en el sentido terrenal como el polvo de la tierra (Gn. 13:16). En el año 606 a. de C. , Dios envió a los babilonios para que asolaran a Jerusalén y al templo y para que llevaran al pueblo en cautiverio. Por supuesto, Dios trajo de regreso un remanente después de setenta años para reedificar el templo (Jer. 29:10); sin embargo, ese recobro no duró mucho.
Los Vencedores
Capítulo 2 LSM)
Abandonar a Jehová,
la fuente de aguas vivas
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Jeremías 2:13 dice: “Dos males ha cometido Mi pueblo: / me han abandonado a Mí, / fuente de aguas vivas, / a fin de cavar para sí cisternas, / cisternas rotas, / que no retienen agua”. La intención de Dios en Su economía es ser la fuente, el origen, de aguas vivas a fin de satisfacer a Su pueblo escogido para su disfrute. La meta de este disfrute es producir la iglesia como aumento de Dios, el agrandamiento de Dios, para que ella llegue a ser la plenitud de Dios con miras a Su expresión. Éste es el deseo del corazón de Dios, Su beneplácito (Ef. 1:5, 9), en Su economía. El pleno desarrollo de este pensamiento está en el Nuevo Testamento, pero es sembrado como una semilla en Jeremías 2:13.
La economía de Dios consiste en que Él mismo se imparta como agua viva a fin de producir Su aumento, Su agrandamiento, para que sea Su expresión. Este pensamiento es desarrollado en los escritos de Juan. En Juan 1:1 y 14 vemos que la Palabra, la cual era Dios, se hizo carne, llena de gracia y de realidad. El versículo 16 dice más adelante: “Porque de Su plenitud recibimos todos, y gracia sobre gracia”. En el capítulo 4 de Juan, el Señor Jesús habló a la mujer samaritana con respecto al agua viva (vs. 10, 14). En Juan 7:38 Él dijo: “El que cree en Mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva”. En Apocalipsis 21 y 22 tenemos una visión de la Nueva Jerusalén, la cual es la gran señal que representa el aumento de Dios para Su expresión. Apocalipsis 22:1-2 nos muestra que en la Nueva Jerusalén fluye el río de vida y que, en este río, crece el árbol de la vida como suministro de vida a fin de sostener y sustentar toda la ciudad. Lo que tenemos en los escritos de Juan es ciertamente el crecimiento de la semilla sembrada en Jeremías 2:13.
Estudio-vida de Jeremías
Mensaje 3 (LSM)
San Salvador, San Marcos, El Salvador
Precioso himno, lo aprendí muy pequeño y desde entonces me gustó mucho, y lo canto cada vez que puedo. Dios bendiga a quien lo subió