1
Yo de barro hecho fui,
Como͜ envase para Dios;
Cristo͜ es el tesoro͜ en mí
Yo el vaso que͜ El formó.
Como͜ envase para Dios;
Cristo͜ es el tesoro͜ en mí
Yo el vaso que͜ El formó.
2
A Su͜ imagen hecho fui,
Para que͜ El se͜ impregne͜ en mí
Dios el vaso͜ así forjó,
Al tesoro lo͜ igualó.
Para que͜ El se͜ impregne͜ en mí
Dios el vaso͜ así forjó,
Al tesoro lo͜ igualó.
3
Mora͜ en mí Su͜ Espíritu,
Me sostiene con poder;
En mi͜ espíritu está,
Es en mí la re͡alidad.
Me sostiene con poder;
En mi͜ espíritu está,
Es en mí la re͡alidad.
4
Hoy en mí se mueve El,
Y se mezcla con mi ser,
Para͜ el alma saturar
Y mis pasos regular.
Y se mezcla con mi ser,
Para͜ el alma saturar
Y mis pasos regular.
5
Transparente debo ser,
Desde todo mi͜ interior,
Para que͜ otros puedan ver
Su imagen y͜ expresión.
Desde todo mi͜ interior,
Para que͜ otros puedan ver
Su imagen y͜ expresión.
6
Debo transformado ser
Quebrantado más y más,
Conformado͜ el barro͜ así,
Al tesoro estará.
Quebrantado más y más,
Conformado͜ el barro͜ así,
Al tesoro estará.
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A. El tesoro en
vasos de barro
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En 2 Corintios 4:7 leemos las siguientes palabras: “Pero tenemos este tesoro en vasos de barro”. La palabra “pero” indica un contraste con lo que se dijo antes. En el versículo 6, Pablo declara: “Porque el mismo Dios que dijo: De las tinieblas resplandecerá la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo”. La expresión “este tesoro” se refiere al versículo 6. Debido a que Dios resplandeciera en nuestros corazones, ahora tenemos este tesoro maravilloso, precioso y admirable. No obstante, tenemos este tesoro en vasos de barro, en algo que no tiene nada de admirable. Puesto que el tesoro se encuentra en vasos de barro, Pablo comienza el versículo 7 con “pero”.
El versículo 7 en su totalidad lee así: “Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros”. La palabra griega traducida “excelencia” significa también trascendencia, eminencia, grandeza que lo excede todo. El hecho de que somos vasos de barro demuestra que la excelencia del poder es de Dios, y no de nosotros. Aquí Pablo parece decir: “Yo no soy más que un vaso de barro, insignificante y sin valor. En mí mismo, soy un hombre pecaminoso, caído e insignificante. ¿Cómo una persona así podría manifestar la verdad e irradiar la gloria del evangelio? No tengo el poder necesario para hacer esto. La excelencia del poder no proviene de mí, sino de Dios. Aunque soy un vaso de barro sin valor, Dios, al resplandecer en mí, ha infundido este precioso tesoro en mi interior. Ahora este tesoro se ha convertido en la fuente de poder que me vigoriza y capacita para que irradie la gloria de Dios y manifiesta la verdad”.
Estudio-vida de 2 Corintios
Mensaje 10 (LSM)