Completo en Ti, no por mi obrar

S159
1
Completo͜ en Ti, no por mi͜ obrar,
No͜ hay más que͜ hacer en Tu lugar;
Tu sangre me compró͜ el perdón,
Estoy completo͜ en Ti, Señor.
 
Hoy justo soy, ¡Qué bendición!
Y santo͜ en El, ¡Qué salvación!
Tu sangre me compró͜ el perdón;
Me glorificarás, Señor.
2
Completo͜ en Ti, no más pecar,
Tu gracia reina͜ en su lugar;
Tu voz espanta͜ al tentador,
Yo firme͜ en Ti, por Tu favor.
3
Completo͜ en Ti, sin escasez,
Todo lo bueno͜ en Ti se ve;
Ya que͜ eres todo para mí,
No pido más, completo͜ en Ti.
4
Cuando͜ a Tu trono, mi Jesús,
Todas las tribus juntes Tú,
Entre los elegidos, yo
Completo͜ en Ti seré, Señor.
2
Un Hermano

V. BROTAN LA SANGRE Y EL AGUA

Juan 19:34 dice: “Pero uno de los soldados le abrió el costado con una lanza, y al instante salió sangre y agua”. Dos substancias salieron del costado abierto del Señor: sangre y agua. La función de la sangre es efectuar la redención y así quitar los pecados (Jn. 1:29; He. 9:22), para que se pudiera comprar la iglesia (Hch. 20:28). El agua imparte vida, la cual acaba con la muerte (Jn. 12:24; 3:14-15), a fin de producir la iglesia (Ef. 5:29-31). Por un lado, la muerte del Señor quita nuestros pecados; por otro, nos imparte vida. Aquí vemos dos aspectos: el aspecto redentor y el aspecto de impartir vida. La redención tiene como fin impartir vida. Lo narrado en los otros tres evangelios muestra solamente el aspecto redentor de la muerte del Señor; en cambio, lo narrado en Juan muestra no sólo el aspecto redentor, sino también el de impartir vida. En Mateo 27:45 y 51, Marcos 15:33 y Lucas 23:44-45 vemos que aparecieron las “tinieblas”, un símbolo del pecado, y que “el velo del templo”, que separaba al hombre de Dios, “se rasgó”. Estas señales están relacionadas con el aspecto redentor de la muerte del Señor. Las palabras pronunciadas por el Señor en la cruz en Lucas 23:43: “Padre, perdónalos”, y en Mateo 27:46: “Dios Mío, Dios Mío, ¿por qué Me has desamparado? ” (puesto que Él llevaba nuestros pecados en ese momento), también muestran el aspecto redentor de Su muerte. Pero el agua que fluyó y los huesos que no fueron quebrados, como se menciona en Juan 19: 34 y 36, son señales que se relacionan con la muerte del Señor en el aspecto de impartir vida. La muerte que imparte vida liberó la vida divina del Señor desde Su interior, para que se produjera la iglesia, la cual se compone de todos los creyentes, en quienes ha sido impartida la vida divina. La muerte del Señor, la cual imparte vida, es tipificada por el hecho de que Adán durmió para que fuera producida Eva (Gn. 2:21-23), y es representada por la muerte del grano de trigo que cayó en la tierra para llevar mucho fruto (12:24) para hacer un solo pan: el Cuerpo de Cristo (1 Co. 10:17). Por lo tanto, Su muerte es también una muerte que propaga y multiplica la vida, que genera y que se reproduce.

Estudio-vida de Juan

Mensaje 43 (LSM)


Un Hermano

La obra de Dios en la nueva dispensación incluye Su paso por la muerte en el Hijo. Esto es lo que indica la frase la sangre de Jesús Su Hijo en

1 Juan 1:7. La sangre derramada en la cruz para nuestra redención no solamente fue la sangre de Jesús, sino también la sangre del Hijo de Dios. Esto implica que mientras Jesús moría en la cruz, Dios pasaba por la muerte en Él.

Es significativo que 1 Juan 1:7 hable de “la sangre de Jesús Su Hijo”. El nombre Jesús denota la humanidad del Señor, la cual era necesaria para el derramamiento de la sangre redentora en favor de los hombres, y el título Su Hijo denota la divinidad del Señor, la cual es necesaria para que la sangre redentora tenga eficacia eterna. Por tanto, la sangre de Jesús Su Hijo indica que esta sangre es la sangre apropiada de un verdadero hombre para la redención de los hombres caídos y cuenta con la garantía divina para su eterna eficacia, eficacia que prevalece sobre todas las cosas en el espacio y es imperecedera en el tiempo. Por tanto, la redención lograda por el Dios-hombre es una redención eterna (He. 9:12).

Otro versículo que indica que Dios pasó por la muerte en el Hijo es Hechos 20:28: “Para pastorear la iglesia de Dios, la cual Él ganó por Su propia sangre”. Dios obtuvo la iglesia al pagar el precio de “Su propia sangre”. “Su propia sangre” denota la sangre de Dios, lo cual demuestra el hecho de que Dios murió en la cruz.

La Conclusión del

Nuevo Testamento:

Mensaje 17 (LSM)