1
Voy laborando͜ en Jesús, mi Cana͡án,
A Planto y riego siguiendo Su plan;
Jesús, el fruto de Su re͡alidad,
Como primicias en mí Dios tendrá.
A Planto y riego siguiendo Su plan;
Jesús, el fruto de Su re͡alidad,
Como primicias en mí Dios tendrá.
Coro:
Jesús, ¡Oh buena tierra,
Que Dios nos entregó!
Yo paulatinamente
Te͜ haré mi posesión.
Al laborar la tierra
Dios manda bendición,
Yo gano Tu Persona͜ así,
Pues eres mi porción.
Jesús, ¡Oh buena tierra,
Que Dios nos entregó!
Yo paulatinamente
Te͜ haré mi posesión.
Al laborar la tierra
Dios manda bendición,
Yo gano Tu Persona͜ así,
Pues eres mi porción.
2
Voy laborando͜ en Jesús, mi Señor,
No me lamento, pues yo firme͜ estoy;
Mientras laboro la lluvia tendré,
Obrando͜ en Cristo ganancia veré.
No me lamento, pues yo firme͜ estoy;
Mientras laboro la lluvia tendré,
Obrando͜ en Cristo ganancia veré.
3
Voy laborando͜ en Jesús al orar
Con Su Palabra en mi diario andar,
Sigo͜ en mi͜ espíritu Su viva͜ unción
Y con los santos yo vivo͜ en unión.
Con Su Palabra en mi diario andar,
Sigo͜ en mi͜ espíritu Su viva͜ unción
Y con los santos yo vivo͜ en unión.
4
Voy laborando͜ en Jesús para dar
A las reuniones sustancia real;
Allí los hombres con Dios hallarán
En Su presencia disfrute͜ eternal.
A las reuniones sustancia real;
Allí los hombres con Dios hallarán
En Su presencia disfrute͜ eternal.
5
Ve laborando͜ en Jesús tu porción,
Y luego trá͡elo a cada reunión,
El excedente ofrece͜ a tu Dios,
Come con gozo͜ y bendice al Señor.
Y luego trá͡elo a cada reunión,
El excedente ofrece͜ a tu Dios,
Come con gozo͜ y bendice al Señor.
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2) Andar en Él
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De la manera que hemos recibido a Cristo, debemos andar en Él. Andar es vivir, actuar, conducirnos y ser, lo cual implica todo cuanto compone nuestro vivir diario . Andar en Cristo es vivir, moverse, actuar y tener nuestro ser en Cristo. No debemos vivir, andar, movernos, actuar ni tener nuestro ser en ninguna otra cosa que no sea Cristo mismo. Además, andar en Cristo significa no tener nada que sustituya a Cristo. Debido a la caída del hombre, la cultura reemplaza a Dios en la vida del hombre. El hombre fue hecho para Dios y necesita que Dios sea su vida, su disfrute y todo para él. Pero debido a que perdió a Dios, el hombre inventó la cultura como sustituto de Dios. Ahora, en Su economía Dios ha dispuesto que Cristo, Su Hijo, efectúe la redención, traiga al hombre de regreso a Dios y, entonces, reemplace todos los sustitutos consigo mismo. Los diversos factores y elementos de nuestra vida humana son, todos ellos, sustitutos de Cristo, pero los factores y elementos que han llegado a ser sustitutos de Dios ahora tienen que ser reemplazados con Cristo. A fin de que ésta sea nuestra experiencia, debemos andar en Cristo. Cristo no solamente es la esfera, el ámbito, en el cual andamos, sino que Él también es todos los factores y elementos de nuestra vida humana. Experimentar a Cristo de este modo es andar en Él.
Debemos andar, vivir y actuar en Cristo para que disfrutemos Sus riquezas, así como los hijos de Israel vivieron en la buena tierra y disfrutaron todo su rico producto. Hoy en día la buena tierra es Cristo como Espíritu todo-inclusivo (Gá. 3:14), quien mora en nuestro espíritu (2 Ti. 4:22; Ro. 8:16) para que le disfrutemos. Andar conforme a este Espíritu (v. 4; Gá. 5:16) es el punto central y crucial del Nuevo Testamento.
En nuestra experiencia Cristo debe ser la buena tierra en la cual vivamos y andemos. Esto no debería ser para nosotros mera doctrina. Debemos orar: “Señor, quiero vivir y andar en Ti. Señor, te pido que seas la buena tierra para mí en mi experiencia y que todo aspecto de mi vivir pueda estar en Ti”. Andar en Cristo es la manera en que experimentamos a Cristo como misterio de Dios (Col. 2:6).
La Conclusión del
Nuevo Testamento,
Mensaje 354 (LSM)
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2) Nos ha concedido todas las cosas
que pertenecen a la vida y a la piedad
En 2 Pedro 1:3 Pedro dice que este poder divino nos ha concedido todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad. Aquí la palabra concedido significa “impartido, infundido O plantado”. Todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad han sido impartidas, infundidas, en nosotros por el Espíritu vivificante y todo-inclusivo, quien nos regenera y mora en nosotros (2 Co. 3:6, 17; Jn. 3:6; Ro. 8:11).
“Todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad” en 2 Pedro 1:3 componen los varios aspectos de la vida divina, tipificados por las riquezas del fruto de la buena tierra en el Antiguo Testamento. Estas cosas son aquello a lo cual da sustantividad la fe que Dios nos asignó como porción para que sea nuestra herencia. La vida está dentro de nosotros y nos capacita para vivir, mientras que la piedad está por fuera como expresión externa de la vida interior. La vida es la energía, la fortaleza interna, para producir la piedad externa, la cual lleva a la gloria y produce gloria.
La Conclusión del
Nuevo Testamento,
Mensaje 389 (LSM)