Alelu, Alelu, Alelu, Aleluya

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Alelu, Alelu, Alelu, Aleluya,
¡Gloria͜ al Señor!
Alelu, Alelu, Alelu, Aleluya,
¡Gloria͜ al Señor!
Gloria͜ al Señor, ¡Aleluya!
Gloria͜ al Señor, ¡Aleluya!
Gloria͜ al Señor, ¡Aleluya!
¡Gloria͜ al Señor!
1
Un Hermano

MANTENER LA VICTORIA

EN GOZO Y REGOCIJO

Conocemos bien Nehemías 8:10, que dice: “Porque el gozo de Jehová es vuestra fuerza”. La vida que Dios nos dio se expresa en gozo. Nuestro Señor Jesús vive en una atmósfera de gozo, regocijo, alabanzas y acción de gracias. Esta es la lección que he aprendido en estos últimos años. Anteriormente sabía que había sido perdonado y que había perseverado, me había consagrado y había obedecido al Señor. Pero sentía algo de amargura y tenía algunas pequeñas quejas. No podía darle gracias al Señor ni alabarlo. Cuando no podemos darle gracias al Señor ni alabarlo, estamos derrotados. Hermanos y hermanas, nuestra victoria se descubre en nuestro gozo. Cada vez que dejamos a un lado nuestro gozo y regocijo, hemos desechado también nuestra victoria. Cuando desechamos nuestro gozo y nuestro regocijo, quedamos atados. Un hermano testificó que nunca se había dado cuenta tanto como en estos últimos días, de la fuerza que el gozo proporciona. Si no estamos gozosos y regocijándonos, nos encontraremos deprimidos. Tenemos que mantener nuestra victoria en gozo y regocijo. La victoria es como un pez que debe mantenerse en el agua. La victoria debe mantenerse en gozo y regocijo.

LA VICTORIA DEL SEÑOR

NOS HACE MAS QUE VENCEDORES

¿Por qué la vida vencedora debe manifestarse en regocijo? ¿Por qué debemos regocijarnos antes de poder decir que tenemos una vida que vence? Romanos 8:37 dice: “Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores”. Dios da una sola clase de victoria, la victoria que nos hace más que vencedores. Una victoria que escasamente logra vencer y que a duras penas nos lleva a la cima, no es una verdadera victoria. La victoria que proviene del Señor nos hace más que vencedores, y sólo se obtiene regocijándonos.

Hermanos y hermanas, nuestra copa está rebosando. Todo lo que Dios da rebosa. Lo que no rebosa no es de Dios. La clase de victoria que Dios da es: “A cualquiera que te abofetee en la mejilla derecha, vuélvele también la otra; y al que quiera litigar contigo y quitarte la túnica, déjale también la capa; y a cualquiera que te obligue a ir una milla, ve con él dos” (Mt. 5:39-41). La victoria que rebosa es la victoria de Dios. Vencer a duras penas, es una victoria fabricada por el hombre; es el producto del esfuerzo humano.

Hermanos y hermanas, éste es el tono de la victoria. Abra Dios nuestros ojos para que veamos que cualquier victoria que no nos haga más que vencedores es sólo un remedo de victoria. Si nos reprimimos y luchamos sólo estamos imitando la victoria. Si Cristo vive en nosotros, nos regocijaremos en todo y alabaremos al Señor. Podremos decir siempre: “¡Aleluya, gloria al Señor! ”.

La Vida que Vence

Capítulo 10 (LSM)