1
Siempre laborando en la buena tierra,
Tanto͜ en la mañana o͜ al atardecer;
Segaremos frutos y a las reuniones
Todas las gavillas podemos traer.
Tanto͜ en la mañana o͜ al atardecer;
Segaremos frutos y a las reuniones
Todas las gavillas podemos traer.
Las gavillas trae, las gavillas trae,
Para͜ el regocijo, las gavillas trae;
Las gavillas trae, las gavillas trae,
Para͜ el regocijo, las gavillas trae.
Para͜ el regocijo, las gavillas trae;
Las gavillas trae, las gavillas trae,
Para͜ el regocijo, las gavillas trae.
2
Cosechando trigo junto con cebada,
Al pasar por muerte y resurrección;
Sólo͜ así se gana vida͜ en abundancia
Vivientes gavillas para la reunión.
Al pasar por muerte y resurrección;
Sólo͜ así se gana vida͜ en abundancia
Vivientes gavillas para la reunión.
3
Grano, vino,͜ aceite trae el excedente
De cebada͜ y trigo, olivo͜ y la vid;
El aceite unge, con el vino͜ hay gozo
Trae a Dios el diezmo de Su fruto͜ en ti.
De cebada͜ y trigo, olivo͜ y la vid;
El aceite unge, con el vino͜ hay gozo
Trae a Dios el diezmo de Su fruto͜ en ti.
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LA TIERRA,
LA SEMILLA
Y EL PRODUCTO
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Los productos que cultivaban en la buena tierra provenían de dos reinos: el reino vegetal y el reino animal. Del reino vegetal obtenían tres productos principales: el trigo, del cual hacían harina, los olivos, de los que obtenían aceite, y la vid de la cual sacaban el vino. Del reino animal tenían vacas y ovejas (Dt. 14:22-23). Todos estos artículos tienen mucho significado. La buena tierra es Cristo, y Dios nos la dio. La simiente también es Cristo. Así, Cristo es la tierra y también la simiente. Ahora Dios nos exhorta a cultivar a Cristo plantando a Cristo. Esto es lo que debemos hacer cada día. Entonces obtendremos los productos, los cuales también son Cristo, y de ellos derivamos el sustento. La tierra es Cristo, la simiente es Cristo, y el producto obtenido es Cristo. La tierra es el Cristo que no ha sido labrado todavía; la simiente es el Cristo que aún no ha sido sembrado; y el producto es el Cristo cultivado, sembrado y cosechado. Ese es el único lugar donde debemos comer para sobrevivir. Vivimos por este Cristo que cultivamos, que sembramos en la buena tierra y que llega a ser nuestro producto.
Luego traemos a la reunión la mejor porción, el diezmo, del Cristo que cultivamos, que sembramos, que cosechamos y que disfrutamos, para presentarla a Dios como alimento y para tener un banquete en el que todos los santos coman juntamente con Dios.
Experimentamos a Cristo
como las ofrendas
para presentarlo
en las reuniones de la iglesia
Capitulo 5 (LSM)